LA MENTE


Amable, testaruda y tramposa. Así es nuestra mente.
Cuando nacemos inauguramos un cuaderno nuevo, está inmaculado y todavía no sabe para que se usará. De la misma forma comienza a funcionar la mente. A partir de ese momento, todo lo que ocurra lo irá anotando para re transmitírselo al alma y es ella, el alma, la que sentirá miedo, rabia, angustia, odio o amor.
Por lo general la mente es el jinete y la esencia el caballo. Nos convertimos en su esclavo, obedeciendo sus órdenes sin cuestionar nada. Nos dejamos adormecer por la personalidad que forma parte de la idiosincrasia del lugar donde vivimos, la edad, la moda o la sociedad que elegimos para desarrollarnos.
Ella, al ser un puente entre el cuerpo físico y el alma, puede influenciar a ambos. Puede crear los más horribles paisajes o engañarnos con situaciones ideales. Es la que, por un lado nos incita a hacer algo que sabe que no es bueno y después nos dice. -¿Viste? ¡No debías haberlo hecho!
Todos razonamos medianamente bien. Lo que olvidamos es que ella es la reina del raciocinio. Por lo tanto no lograremos dominarla nunca con la lógica, tenemos un edificio lleno de conocimientos: el intelecto, sin embargo aún habiendo comprendido una situación dolorosa no podemos evitar la angustia. Nos gana el partido.
Para impedirlo hay ejercicios fáciles:
Al levantarse, realizar respiración completa frente a una ventana, luego hacer una meditación corta y antes del desayuno beber un vaso de agua, trasladando el contenido de un recipiente a otro varias veces, para oxigenarla. Al hacerlo, pensar que se está tomando un vaso de salud, energía, alegría, paciencia, valor, etc…
Seguramente nuestra amiga dirá: ¡Qué tontería! No tengo tiempo, demasiados problemas tengo…y cosas así porque intuye que estamos trascendiendo su influencia, que tratamos de ser el jinete y ella el caballo.
Es fundamental la constancia y la paciencia. No hay métodos milagrosos, los prodigios se hacen de a poco y con trabajo interno.


LA VOLUNTAD ES HIJA DEL ENTUSIASMO